sábado, 26 de agosto de 2017

EL HERMANÍN



Los dos caobois se adentraron en el campamento indio totalmente desarmados, pero aún así los pieles rojas desconfiaban y no dejaban de apuntarles con sus flechas.

–Jao, gran jefe.

–Jao, rostro pálido. Tú ser valiente viniendo aquí sin armas.

–Venimos a hablar contigo.

–Vosotros decir que querer.

–Queremos que dejes libres a Llimi y a Bili, del rancho Morgan.

–No liberar ni de coña. Yo matar a todos si no volvéis inmediatamente a vuestra esquina de la alfombra (el jefe apache se refería a aquella alfombra verde de la salita que hizo las veces de pradera del oeste durante tantos años)

Entonces sentí girar la cerradura de la puerta de entrada y, dejando por una vez que los pequeños indios y vaqueros de plástico se las apañaran solos, me asomé al pasillo a ver quién llegaba. Y allí me quedé de piedra al ver a mi madre con aquello en los brazos.

–¡Mira Orla: el hermanín!

Meses atrás me habían comentado que si la cigüeña me traía un hermanín podría jugar con él y que si patatín, que si patatán; pero yo nunca había hecho comentario alguno que pudiera inducir a pensar que estaba de acuerdo con semejante idea. Por otro lado no me pareció que aquel enano supiera diferenciar a un caballo pinto de un corneta del séptimo de caballería, así que menudo compañero de juegos me habían traído.

–Ven hijo. ¡Ven a darle un beso!

Lo que faltaba: meten en tu casa a un tipo que te hace la competencia y encima lo tienes que besar. ¿A ustedes les parece normal?

¡Y qué cantidad de gente que lo vino a conocer! ¡Si es que le traían regalos y todo! Y algunos le decían que tenía las manos enormes. Y a mí, que las tenía mucho más grandes, nadie me decía nada. ¡Hay que fastidiarse con el enano de las narices!

El tiempo fue pasando, el enano creciendo ––tanto que hoy en día él es el más alto de los dos–– y llegaron las peleas, que siempre ganaba yo, claro.

Compartimos entonces juegos, castigos y la zapatilla de mamá, que descalzaba para los dos por igual. Y qué contar de gripes, catarros y demás enfermedades, que nos intercambiamos como buenos colácteos, exceptuando el sarampión que el muy desalmado permitió que padeciera yo solito.

No recuerdo exactamente cuando pero durante una buena temporada, tras la cena, nos tomamos juntos nuestros primeros ponches de vino quinado ––de aquella marca que daba… ¡unas ganas de comerrrrr!––, y no me negarán que une mucho eso de dormir las primeras borracheras compartiendo habitación.

El tiempo fue pasando y de repente un día, sin saber cómo, dejó de ser hermano pequeño para convertirse en amigo grande. Desde entonces ya no nos peleamos más, pero se va a fastidiar porque el beso no se lo voy a dar.

miércoles, 9 de agosto de 2017

CAT'S LOVE


El gato rondó la vitrina con disimulo, para después cambiar de táctica y comenzar a maullar suavemente y a arañar de forma casi imperceptible el marco de la puerta. Yo desconocía sus intenciones, pero está claro que su estrategía era la correcta porque no tardó en conseguir una cita con la gatita de la cola plateada. Sí, la que vive en el tercer estante, al fondo a la derecha...


jueves, 3 de agosto de 2017

¡CALOR!


Por fin llegó el calor a orillas del Cantábrico. La segunda jornada del mes de agosto fue un día de auténtico verano. Pero yo tan agustito refrescándome en mi impresionante piscina olímpica, dudando entre pasar el resto del mes en la casa de la playa o en el chalet de la sierra...